Descorchándose las venas II


Andaba por la ciudad de noche al re pedo, y bien en pedo, pensando en que me quedaban sólo seis cigarros que tenía que cuidar para no quedarme sin fumar el resto de la noche. Mientras caminaba sin ocurrírseme a donde carajo ir, pasé por una plaza y me senté un rato. Prendo un cigarro. Uno menos, boló. En eso se me acerca un tipo que no vi llegar, que por cierto, tenía en la cabeza un nido con una paloma incluida y lleno de mierda. Ya he visto de todo, pensé, y el tipo habló:
-Hola amigo, ¿tiene un cigarrillo que me convide?
-Sí señor, me estaban sobrando. Saque.
Sacó dos el hijo de puta. A uno se lo guardó y al otro lo acercó a la asquerosidad esa que tenía en la cabeza: la paloma se tiró un pedo y lo prendió.
-Qué agradable que es usted, buen hombre ¿Puede explicarme qué está pasando?
-¿Cómo dice?
-¡Que qué carajo está pasando! Es un asco lo que acaba de hacer, y ¡¿por qué mierda tiene una paloma y un nido en la cabeza?!
-Mire, amigo… usted tiene una pierna llena de cucarachas que suben, bajan y se mueven de forma desagradable y desde que llegué intenté ignorarlo completamente.
-¡¿Qué carajo?! – Miré mis piernas y efectivamente tenía una llena de cucarachas; sacadísimo me sacudí con una desesperación entre náuseas y un inmenso asco. Entonces el hombre nido me dice “¡tranquilo, tranquilo!”. Chifló y dijo algo así como “basta, basta negritas”. Las cucarachas empezaron a bajar (las que quedaban) y el resto, desparramado por todas partes, se movió hacia el sucio ese. De a poco iban juntándose y metiéndose por la ropa del roñoso. Comencé a sentirme mareado y vomité sobre él. Cayó un policía todo exaltado y empezó a amenazarnos con disparar. Disparó y se reventó, se abrió un agujero en el piso de a poco y nos empezó a tragar. Ahora me encontraba bajo tierra rodeado de bichos de mierda; el hombre paloma era toda una cosa borrosa entre asquerosidades. Antes de morir, absorbido por un montón de inmundicia, me dije a mí mismo que por cosas como éstas tengo que evitar los vicios. ¿Qué vicios? Los prejuicios ¿Cigarros? aún me quedan tres.

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