Entradas

Mostrando entradas de octubre, 2019

Puterío Etéreo

   Me encontraba en la calle paseando… bueno, en realidad, volviendo a mi casa sumamente ebrio.  Y me crucé con la vecina de al lado. Ella estaba barriendo la vereda como todas las putas mañanas.  El viento volverá a joder sin fin, señora, no se estrese. -¿Cómo está? –dije y tosí fuerte, a continuación quise hablar y tenía un pollo, por lo que escupí antes de componerme de nuevo. Luego de una mirada temerosa y analista, contestó –Bien, mijo, renegando con el viento como verá,  ji,jí. – Al parecer le gusta renegar ¡ja,já! Hubo un silencio incómodo y saqué las llaves para abrir la puerta de mi casa. Justo cuando introduje la llave en la cerradura  se acercó la doña y dijo: – Sabe, mijo, usted me impacienta. Continuamente lo veo ingresar a su casa… ya sabe –hizo un gesto con la boca y los ojos-. -¿Borracho? ¡Pero es sábado! Bueno, a veces es durante la semana. Pero, ¿qué importa? No hago daño a nadie. Bueno, una vez les pateé la mesa a un par de i...

Unquillo Soho III

-¡Emilio! ¿Qué hacen acá estos frascos llenos de semillas de manzana? – dijo Azucena, su madre. -Bueno, ya los llevo a mi pieza. Emilio subió a su cuarto con los frascos – no se puede dejar nada – pensó. – Si dejo un libro en un sillón, a la mierda; si dejo una mochila, a la mierda. Si respiro, estoy molestando ¿Qué pensarán? ¿Que voy a ir mañana a la calle todo motivado y terminaré la carrera? ¿Que después me ofrecerán un trabajo al toque?, pura mierda ¡Ah, pero tenías un trabajo hermoso y lo dejaste! No te agradaba tener que lustrar las botas de tu jefe de personal con la lengua como hacen todos. Ahora jodete. -Emi, estás hablando solo ¿Qué pasa con tus semillas? ¿Ya no querés plantarlas? – dijo Elena, su novia, que estaba en su cuarto. -¡Voy a hacer cianuro con estas semillas de mierda! -¡Eh, tranquilo! A ver, dámelos. Le dio los frascos y agarró neuróticamente su guitarra y se puso a hacer escalas pentatónicas como perdido, con una mirada de perturbado mental. Elen...

Uquillo Soho II

Han se despertó y corrió los diarios que estaban amontonados en su cama. Le dio paja bañarse, así que solo se lavó la cara y bajó al comedor del hotel. Pidió un café doble con 10 medialunas y le vació 10 sobres de azúcar encima. Mientras desayunaba ligero (desayuno de 3 de la tarde) reflexionaba sobre el asunto que decidió resolver. Este caso no tenía nada de nuevo: un depresivo de clase media que se suicida, una familia rebalsada de individualismo que lo tiene cagando, los prejuicios de creer que el muerto solo es vago y no quiere hacer más que tocar la guitarra, reflexionar boludeces filosóficas, etc. Han pensó que lo de Emilio era bastante predecible. No conoció a su padre, la familia de este intentó acercarse, pero no congeniaban con el chico callado y aburrido (y poco trabajador). Sus allegados solo pensaban en heredar tierras o en sonreír para la foto de la historia de  Instagram  (en un restaurante que no pueden pagar, para luego ahorrar comprando el arroz más bara...