Superación personal II
-Hola, ¿tiene fuego? -¡NO! -Tranquilo, hermano ¿Qué le pasa? -Nada, tome el puto fuego. Lléveselo. Se prendió el cigarro y se guardó el encendedor en el bolsillo. Luego dijo: -Mire, no tiene por qué estar amargado. La vida es hermosa, disfrute el momento. No contesté y se quedó mirándome con una sonrisa y los ojos achinados. Era un tipo que tenía unos pantalones verdes con rayas azules, ojotas, una remera de Callejeros , un intento de barba, un corte pelado de un solo lado y esa sonrisa que se torcía cada vez más, pero que por debajo de lo forzoso en ella se podía notar un prejuicio hacia mí: No entiende nada de la vida, está dentro de la matrix. Me tocó el hombro y se tambaleó un poco, tosió y me dijo: “namasté”. Sacó unos yuyos de su bolsillo trasero y me los tiró sobre de la camisa. -Gracias, estoy bendecido. Un gusto, chau. -Espere, no se vaya. -Y ahora qué –dije mientras me sacudía la ropa. -Mire, ¿Sabe usted que está dormido? -¿Parezco dormi...