Puterío Etéreo
Me encontraba en la calle paseando… bueno, en realidad, volviendo a mi casa sumamente ebrio. Y me crucé con la vecina de al lado. Ella estaba barriendo la vereda como todas las putas mañanas. El viento volverá a joder sin fin, señora, no se estrese.
-¿Cómo está? –dije y tosí fuerte, a continuación quise hablar y tenía un pollo, por lo que escupí antes de componerme de nuevo.
Luego de una mirada temerosa y analista, contestó –Bien, mijo, renegando con el viento como verá, ji,jí.
– Al parecer le gusta renegar ¡ja,já!
Hubo un silencio incómodo y saqué las llaves para abrir la puerta de mi casa. Justo cuando introduje la llave en la cerradura se acercó la doña y dijo:
– Sabe, mijo, usted me impacienta. Continuamente lo veo ingresar a su casa… ya sabe –hizo un gesto con la boca y los ojos-.
-¿Borracho? ¡Pero es sábado! Bueno, a veces es durante la semana. Pero, ¿qué importa? No hago daño a nadie. Bueno, una vez les pateé la mesa a un par de idiotas en Ramírez… pero, en fin, ¿en algo le molesta a usted?
– No es correcto eso, ¿sabe? Mi madre decía que los borrachines eran como oportunistas de sus familias, gente apartada de Cristo que no le hace bien al mundo. La gente que no se atarea avería a los demás.
– Pero yo trabajo, ¿no se fija, también, que entro y salgo con libros? Vendo libros y estudio.
-Hijito, usted debe buscar trabajo, ya es mayor. El trabajo sobra, lo que falta son las ambiciones. Y ya verá que así no le darán ganas de beber.
Prendí un cigarrillo –Mire, entiendo que crea eso, pero no se preocupe, mi vida está de maravilla. Además, ya trabajé para un tipo gritón antes, ¡y tomaba más! Bueno, necesito dormir. Gracias por su consejo.
-Espere… oiga y tire ese cigarrillo que le hace daño. El vecino de la esquina, ¿lo conoce? Marcos Quiroga, el que… -hizo un gesto raro sobre su cabeza- Sí, el que usa un sombrero rosa. Un día llegó borracho y golpeó a su esposa después de una discusión pasada de tono. Ella salió aturdida a la vered, y se desparramó en el suelo llorando. Él luego salió a pedirle perdón con el pantalón todo, eh… defecado. La mujer lo abrazó e hicieron cosas inmorales en la calle.
-¿Y usted vio todo eso?
-Sí, he rezado muchos Ave María. Estaba muy conmocionada. Por eso no debería tener vicios usted ya que podría terminar haciendo cosas satánicas. Lo veo a punto de ello. Mire, La otra vecina un día llegó con otro hombre a la casa en un auto rojo, ¡y era mucho menor que ella! ¡qué barbaridad! Yo ya veía que se pintaba los labios de rojo y usaba faldas arriba de la rodilla…
– ¡Es su sobrino! Volvió de córdoba hace poco y se compró un auto.
– Y usted, ¿cómo sabe?
-¡Porque es amigo de mi hermano! Mire, no me va a pasar nada y Satán está muy lejos de este barrio. Si usted nos cuida, o sea, ni forma de que esté por acá.
– Estoy segura de que era otro chico, pero… no importa. Le pongo otro ejemplo, su compañero de universidad, el que habla de San Agustín todo el día. Agustín pecaba mucho, me dijo el cura de la iglesia, no es un ejemplo de santo…
-¿Cómo sabe? ¿Cuándo estuvo en mi universidad?
Se quedó como tildada unos segundos, con una mirada medio bizca y prosiguió – O su amiga, que se casó con el contador cuando la dejó su novia. Las relaciones del mismo sexo no son naturales, lo que…
-¡No entiendo nada! ¿Cómo sabe? – Comencé a sentirme vigilado y molesto, con un ataque de furia giré la llave violentamente y se me dobló la muñeca, me dolió como la re mierda y me agaché sosteniéndome la mano. Ella no paraba de contarme supuestas historias de los demás, todos conocidos míos, o que por lo menos, ubicaba: Que Sandra estaba con dos a la vez; que Diego alejaba a los hijos de su madre; la Sonia no limpiaba como debía; Ricardo andaba con su hermana; Manolo en el diario se robaba un poco de plata; Juanchy gustaba solo de menores; Emiliano era marica en el closet; los de derecho andaban en la merca; los de teatro tenían el ego por las nubes después de un corto berreta… Y yo, escuchaba todo mientras me agarraba la mano. Al cabo de una hora, la doña Eter paró de hablar y se volvió a su casa. No sabía bien si me iluminó u oscureció la mente. Vomité hasta la última porción de pizza del rincón universitario y me dormí.
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