Unquillo Soho III
-¡Emilio! ¿Qué hacen acá estos frascos llenos de semillas de manzana? – dijo Azucena, su madre.
-Bueno, ya los llevo a mi pieza.
Emilio subió a su cuarto con los frascos – no se puede dejar nada – pensó. – Si dejo un libro en un sillón, a la mierda; si dejo una mochila, a la mierda. Si respiro, estoy molestando ¿Qué pensarán? ¿Que voy a ir mañana a la calle todo motivado y terminaré la carrera? ¿Que después me ofrecerán un trabajo al toque?, pura mierda ¡Ah, pero tenías un trabajo hermoso y lo dejaste! No te agradaba tener que lustrar las botas de tu jefe de personal con la lengua como hacen todos. Ahora jodete.
-Emi, estás hablando solo ¿Qué pasa con tus semillas? ¿Ya no querés plantarlas? – dijo Elena, su novia, que estaba en su cuarto.
-¡Voy a hacer cianuro con estas semillas de mierda!
-¡Eh, tranquilo! A ver, dámelos.
Le dio los frascos y agarró neuróticamente su guitarra y se puso a hacer escalas pentatónicas como perdido, con una mirada de perturbado mental. Elena lo miraba con compasión. A veces él se preguntaba cómo ella lo aguanta. A las mujeres no les gustan los tímidos, nerviosos o demasiado raros. Y él sabía muy bien que ése era su caso.
-Perdón, siempre pierdo la paciencia.
-Ya lo sé, sí te comprendo.
-Pero, ¿no te cansa eso? Vos podrías estar con alguien más normal.
-No me gustan los normales.
-Eso dicen todas.
-¡Pero es en serio! Mis amigas siempre me dijeron que por qué siempre me gustaban los flacos descuajados. Mientras ellas estaban con los más seguros. Pero a mí me gusta desinflarles el ego a ese tipo de hombres.
-Gracias, ahora agregaré a mi estrés el ser “descuajado”.
-Basta, Emilio, vos sos un descuajado lindo. Además, creo que te perseguís, las personas no te odian ni hablan mal de vos. No sos anormal para las personas ni raro.
-Sí lo soy, pero bueno, no me ilusiones al pedo; si vas a estar, no te andés con huevadas.
-Tranquilo, no seas celoso. Estoy acompañándote en serio, no te preocupes.
Emilio seguía tocando escalas neuróticamente con la mirada perdida en el mástil de la guitarra. No podía hacer nada sin pensar. Es más, pensar quizá era lo único que aprendió a hacer para defenderse del mundo. Que piense analíticamente era otra cosa, últimamente más se asomaba a la metafísica. A su novia no le molestaba que sea así y esto de verdad era raro. Lo que sucede es que ella también era rara, aunque suene como una mierda cursi. Era rara: pasó por cosas similares a las de él y quizás le gusta rescatarse a sí misma rescatando a otro arrastrado. Entonces Emilio pensaba en toda acción que debía realizar, en toda; literalmente buscaba la minuciosidad, ¿con qué objetivo? Estar al pleno control de todo.
Luego de un rato, en su pose tétrica y nerviosa, dejó la guitarra, le pasó el paño naranja y envolvió el mástil en él; la guardó en su funda y la colocó en el pie.
-Elena, se me ocurrió una idea para seguir mejorando. La voy a escribir en mi diario.
-¿En qué día vas?
-En el día 80, ya casi llego a los 100. Cuando llegue habré notado muchas cosas que he logrado ¡Imaginate si fueran 200, o un año! ¿Posta no te parece extraño que haga esto?
-Para nada, creo que te está sirviendo, pero recordá que tenés que ir a terapia de nuevo.
-¡Bah! ¡A terapia! Pero no me sirve. Ya fui a 500 psicoanalistas y al final todo es tu culpa.
-No se trata de eso, sino de resolver los nudos .
-Ya resolví todos los nudos.
-Eso es un autoengaño.
-No en este caso. Mirá, lo que pasa es que hay un problema. Yo tendría un TOC ¿no? Bueno, entonces para tratar el TOC lo que debo hacer es hablar y hablar hasta llegar al miedo que lo genera.
-Sí.
-¿Qué pasa si el miedo es la inseguridad? ¿Quién te da la seguridad? Quienes te rodean. Es un instinto de supervivencia. Todos necesitamos tener un lugar a dónde volver si algo pasa.
-Me tenés a mí.
-Bueno, sí. No debería ser así, pero sí. Imaginate que la condición en mi vida es recibirme, trabajar y no volver. No deberle nada más a nadie, saldar las deudas y vivir de uno mismo. Cosa que es re complicada hoy en día. Sí, estoy trabajando duro, pero con el tiempo contado, y el estrés me va a cagar matando. Entonces, vas a la psicóloga en estas condiciones, la mina te cobra todas las putas sesiones, a la del hospital público andá encontrala. Y esto te activa aún más el TOC. En vez de avanzar económicamente, perdés. Y me dirás ir al análisista no es perder, ¿no? Voy a tratar el problema que me causan otros, aun si estos son quienes me solventan el día a día. Y si no, ¿quién lo hará? Y si resuelvo el TOC estando más relajado, a mis tiempos, haciendo las cosas paso a paso, disfrutándolas… eso será mal visto y todo se complicará. Las presiones aumentarán. La psicoanalista va a decir que necesito “hablar” con quienes no hablan; porque solo imponen, le diré que es imposible, me dirá bueno buscate un trabajo; trabajá y estudiá a la vez. Imposible, a menos que creas que el mundo es mágico. Entonces vas en búsqueda de soluciones y te metés en un nuevo mundo de culpas personales. El problema no sos vos, son los otros.
-Bueno, igual andá. No te vas a arrepentir.
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