01/01/2019


María, María Dominga Concepción del Niño Jesús, apellidada Masri. Era una mujer de 48 años que no tenía expresión y se dedicaba a la contaduría. Se casó hace varios años con un exitoso abogado, rico, sin personalidad, pero que servía para las fotos en las redes sociales. Ya no sabía para qué subía fotos y acumulaba dinero. Yo sí. Pero me da paja contarlo.
Entonces estábamos Gerónimo y yo, en la AFIP, tratando de hacer entender a María Dominga Faustina Sarmienta, Masri,  que necesitábamos abrir una cuenta.
  -No puedo, tiene que traer fotocopia de su culo, a su contador, su abogado, al presidente, al papa, etc… -decía, mientras se le caían las migas de la tortilla que acababa de morder sobre su taza de café, que por cierto, era de pikachu. En su escritorio, además de la taza de pikachu, había fotos de Carlos El Indio Solari Jalil. Su hijo.
  -Vamos a la mierda, después hacemos el trámite. –dije, y nos fuimos a la plaza principal, que estaba cerca, y nos quedamos a conversar.
  -Qué fanática es la gente, ¿no? –Dije -Está bueno admirar a alguien, pero tampoco alabarlo.
  -Sí, puede ser. –Dijo Gerónimo- Yo admiro mucho a Walter Giardino.
  -Giardino está bien, es un poco creído pero toca bien.
  -¿Un poco?
Nos levantamos y nos volvimos a ir a la mierda. Cada uno se fue a su casa. Puse la pava, me hice un mate, puse el mate en la mesa, me senté a tomar el mate y me prendí un cigarrillo. Fumaba, tomaba mate y pensaba. Prendí la computadora y puse música. Aleatoriamente se puso el tema Estoy harto de verte con otros de los Cadillacs. Lo pasé, quedó No soy yo. Mucho mejor. Agarré el celular, nada en fb, nada en instagram, nada en wsp. De repente entra un wsp, es que a veces entra el mensaje cuando lo revisas. Mi novia, Emma Stone.
  -¡Hola, mi amor! Recién me levanto, ¿cómo estás? Caritas felices (3), un sol y unas manos abriéndose como lo hace Bob Esponja.
  -Bien –Contesté.
Dejé el celular y me fui al patio a fumar otro cigarrillo ¿Cuándo termina la rutina? ¿Cuándo se alcanzan las metas que tengo? ¿Cuándo fue que alcancé las que tenía? ¿Qué cambió? ¿Tengo metas? ¿Me importa eso? ¿Qué estoy pensando? tampoco es que soy el ejemplo a seguir en productividad. Es que sin darte cuenta el mundo te mete cosas en la cabeza. Pero al final, cuando estás solo te das cuenta cuáles son las respuestas. Para llegar a esas respuestas hace falta sufrir… ¿metas? ¡Qué insignificante! Tantos días trabajando duro, y un duro golpe te pudre el estómago, te endurece los nervios y te pide que te resientas, que cures tu ego atacando al culpable, aunque no sea el culpable, pero decidís sentarte, sentir esa energía oscura, impregnarte de eso, entenderlo, conversar con eso mientras te punza. Al cabo de unos días habrá respuestas, te curarás. Hasta, que algún día cualquiera, vuelvas a sentir algo peor.

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