Aviones


Me encuentro sentado en la silla de mi living, si es que esto se puede llamar living. Mi cuerpo está encorvado, los brazos cruzados, a la mirada la tengo clavada en la línea que se forma entre la pared y el techo. Estoy pensando demasiado, no soy ningún pensador ni nada, lo que pasa es que salir me da miedo, prefiero estar acá fumando y pensando cómo voy a solucionar cosas de mi vida que no tienen solución, pero quizás las tengan. No, no las tienen.
Agarro un cigarro, lo prendo, lo fumo y el humo pasa a formar parte de mis venas y las venas, llenas de humo, me dan placer. El cuerpo se relaja, los ojos se entrecierran, la visión se pone borrosa y cuando se aclara de a poco, empiezo a ver una imagen, una imagen nuestra, en la cual tirábamos avioncitos de papel por la ventana de un noveno piso. Nunca se me ocurrió qué habrá pasado con esos aviones, quizás uno le pegó a un tipo en el ojo, lo hizo tropezar y cayó en La Cañada. Quizá el otro nunca dejó de caer, siguió planeando y planeando, hasta que llegó al borde de la tierra, cruzó el espacio, llegó hasta donde está dios y le tocó la pierna, y dios dijo: “¡Qué mierda!”; y luego: “voy a mandarles otro diluvio a estos giles que siempre salen con algo nuevo”, y se volvió a dormir otra siesta de un millón de años.
Volví en mí. Me levanté de la sucia silla y empecé a caminar de un lado a otro. ¿Cómo hago para vivir encerrado días y días enteros? En realidad no me cuesta, siempre fui así. A esa pregunta me la haría cualquier persona que conozco pero, por alguna razón, está en mi cabeza… “¿No te parece salir un poco?”, “¿No te pinta que vayamos a Quitapenas a tomar algo?”, “¿No tenés ganas de ir al boliche hoy?”,  “¿No te cabe ir al Jumeal?”, NO.
Me metí al baño, prendí la luz, me mojé la cara y me quedé mirándome al espejo.  De pronto ya estaba dentro de mí, de nuevo, todo estaba revuelto, había nuevamente imágenes nuestras, de ellos, de ellas, de cosas, mi auto, mi casa, yo en la escuela, yo en la universidad (cualquiera de todas), mi ex con otro, mi viejo boludeando en Los Ángeles, mi tío flasheando que hará un negocio; culpas, miedos, ansiedad. Se juntaron todas las cosas y giraron en espiral, giraban y giraban, y un mosquito que andaba por allí se intoxicó con ese espiral. Eso es mi vida. Un mosquito y un espiral. La de todos también. ¿Eso es bueno o malo? Depende del tamaño de tu amor propio. El mío es bastante grande y lo volcaba en ese nosotros. Mi avión es el que molestó a dios, vos, no te animaste a tirar ninguno.


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