LOGOS


Volaba por la ciudad, ansioso, veloz. Cruzaba las calles. Veredas, locales, gente; colores, figuras. No distinguía. Las personas no me gustan; prefiero mi lugar, mis obsesiones. Quiero alcanzar mis intenciones, comprender cosas. Entender cómo funciona, cómo se juega a ser una persona más, entre otras. A escapar del ego o… ¿aceptarlo? A buscar, o pensar por qué se buscan respuestas. Luego, destrozarlas y volver a empezar. Cruzo la plaza principal y veo, de reojo, a la luna y su verdad. Y

La consumía un libro.
Sus neuronas recibían símbolos y
los transformaba.
No leía nada que no la enviciara,
al contrario, no le importaba vivir.
Estaba seguro, con solo ver,
de que no le gustaban los Helados.
También de que, si la conociera,
me diría “No vi Game of Thrones”.
Opinaría que está podrida de:
La luna,
Harry potter,
los amaneceres,
los atardeceres,
las películas de Hollywood,
y de las frases en las fotos de perfil.
Si me hubiera visto, no le habría importado.
Habría, si fuera yo alguien que le gustara,
creído que quedaría como una chica más, mostrando públicamente que lee.
Estaba seguro de que sus ojos se fijaban en la palabra “nada”.
No cabe duda de que vio Dr. House hace mucho,
pero también de que no tenía tiempo para nada.
El tiempo no me alcanza,
diría si me tuviera confianza.
Preferiría ser inmortal. Es que, para ella:
Querer saber es interminable.
Ella detesta, te lo aseguro, la frase:
“Hay que viajar, disfrutar la vida”
A ella le importa un carajo los clichés.
Pero yo, si ella me gustara o no, con solo ver pude mirar,
absoluto placer de lectura.
Coherencia,
una situación en la cual no importa lo que ella haga.
Autenticidad.
Falta de marketing.
O, más bien, desentendimiento total.
Capté, creí, no dudé, de que vi libertad.
De que vi
lógica.


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