Otra ves la primera cuerda II


 Hacía ya una hora esperaba que me atendiera la endocrinóloga y hacía un calor insoportable. Al lado mío se sentó una viejita que llegó desde el fondo del pasillo mirando todas las puertas.
-¿A qué doctor está buscando?
-Al cardiólogo Masodea, Carlos.
-A ver… es el de la última puerta, recién entró una persona.
-Gracias mijito, ¿Usted a quién espera?
-A la doctora González.
Se abrió la puerta del Dr. Masodea, salió una persona y llamó a otra, entre medio, se paró la viejita y le cerró la puerta en la cara. Me llamó la doctora y entré en el consultorio.
-Hola Emi ¿Cómo estás?
-Bien ¿Y Usted?
-Bien…
Hubo un silencio incómodo y luego me dijo que le diera mis estudios, se los di y comenzó a analizarlos.
-Mmm… sí; vamos a tener que aumentar la dosis de la t4, a 75. ¿La estás tomando bien?
-Creo que sí, la tomo apenas me levanto, en ayuno, y luego desayuno.
-¿La tomás siempre a la misma hora?
-Sí.
-Y después de tomarla, ¿desayunás sin fibras?
-Mmm, no siempre. Ahí debe estar el problema.
-Ya veremos; y después del desayuno, ¿tenés ideas existenciales?
-¿Cómo?
-Si tenés ideas existenciales, solo respondé mis preguntas, es importante para poder diagnosticarte.
-Bueno, sí, últimamente tengo muchísimos pensamientos existenciales.
-Ajá, y cuando tenés estos pensamientos, ¿pensás en suicidarte?
-…eh, no. Al contrario, me da más miedo morir o enfermar.
-Ya veo. Pero, ¿acaso no ves… que ya estás enfermo?
-…
– ¡¡¡Y también estás muerto!!! ¡¡JAJAJA!!
-Tengo que irme
Dicho esto, la doctora se levantó furiosa y plantó las manos en el escritorio, la puerta se selló, se atenuaban las luces y no sé cómo, estaba amarrado a la silla. Se quedó ella mirándome con rostro confiado, unos segundos… Pensé que esto era un sueño (lo era).
-Emi. Si al morir no podés recordar tu vida, es como no haber existido nunca. Otros te recordarán, pero vos no lo sabrás; y pasados miles de años, cuando el mundo deje de existir… ¿Quién recordará el mundo?

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