Superación personal III
Salí de la psicóloga pensando que estoy tirando la plata. Y me encuentro a mi profesora de filosofía oriental, la señorita Misato.
-Hola profe, cómo le va.
-¡Eh! ¡Emilio! ¿De dónde venís?
-De la terapia, ¿Usted?
-¿Terapia? -Sacó una lata de birra de su bolso y comenzó a tomársela.
-Sí, no me sirve de mucho.
-¡A nadie le sirve eso! ¡jaja! Venga, tomemos una cerveza.
Fuimos al bar más cercano y conversamos muchas cosas hasta que recordó un trabajo que hizo sobre Wittgenstein hace varios años, y me dijo:
-La filosofía como terapia no es tan terapia. De ser una cabeza con aire pasás a ver cosas. A tener aire con polvo, al menos. ¿Qué sería terapia? ¿Poder desenvolverse como “normal” en la sociedad? ¿Superar un supuesto trastorno? ¿Sería enfermedad algo que los otros no te dan? ¿No es, el humano, un ser social? O por lo menos sabemos que vive en sociedad; y el sabio de la montaña es poseedor de una conciencia tranquila nada más, pero le gustaría rodearse de otros sabios, por así decirlo. ¿Cómo es terapia algo que “repara” un daño causado por los otros? O sea que el dañado es el enfermo, el que necesita tomar el remedio. El “depresivo” lo es porque tiene una causa genética, una propensión, cosas de la infancia, aquí nos vamos acercando, porque le pica el culo, etc. Entonces tu psicóloga te dice (además de “pagame los 800 pesos”): bueno, ya le dimos vuelta al asunto bastante ¿no? Ya sabés todo. Llegó la hora de que te hagas cargo de tu vida, lo que sea que eso signifique. Yo creo que podrías buscar un trabajo de medio tiempo, si es que aún existen; pagarte un alquiler y seguir estudiando, pero ahá, cuidado, de a poco y tranquilo. Lo que no te diría es que parte de todo esto es el contexto histórico que te excede (que sí te excede, te lo aseguro); también deberás superar eso: comer moho si es necesario, “la fortaleza” es parte de la vida. ¿Qué mierda es todo esto?
La filosofía como terapia es simplemente ver. No te digo que sea un ver absoluto, pero al menos comprendés ciertos procesos, aunque nada sea seguro. La terapia estaría en vivir la incertidumbre separando cada cosa por su lado y detectando las conexiones que eso tiene con otros algos. Ver la realidad. ¿Cómo un filósofo ve la realidad si duda hasta de sus pedos? Bueno, hay cosas que son tan truchas que con la mínima duda las liquidás. Son como los muñecos de los power rangers mal pintados que traen un kokú al lado. Por lo menos si sentís angustia sabés las causas y lo relacionás con el contexto. Saber los porqué te calma. Unas certezas mejor armadas que la basura que te vende el resto.
-¿Y por qué no vivir con respuestas “menos trabajadas”? Si al final, sirven igual.
-Vos estás acá porque sos de los que no soportan las dudas, no funcionaría con vos. Supongo que lo intentaste y te sentías un idiota.
-O sea que nunca voy a sentirme “curado”, sino que se trata de vivir inteligentemente en mi complejidad y en la complejidad del mundo. Lo que no te salva de nada.
-Te salva de creer idioteces.
Fue una bella tarde-noche, seguimos conversando y luego la acompañé a su casa.
Comentarios
Publicar un comentario