Dónde está la paz
Podrido de todo, de la gente, de la vida, de mi visión de la gente y de la vida, decidí salir a caminar. Era un lunes, 4 a.m., la ciudad es hermosa con las luces públicas, o las de algunas casas, locales, etc. Tampoco hace ese calor del orto que te quita la energía hasta para ir a cagar, ni pasan los amargados conductores que te miran mal, vocinean o no te dejan ni cruzar. Además, puedo caminar por la calle, ya que por las veredas tengo que agacharme con los árboles cortados a medida gremlin e ir como esquivando obstáculos. Como es la costumbre, mientras caminaba me sumergí en mis pensamientos obsesivos. Esos que nunca paran y a los cuales no les encontré solución; esa ansiedad que creo que es mi amiga, que me salva controlándolo todo, pero que me termina quemando el mate seguidamente.
¿Qué solución busco ante mi vida? Se me ocurre que sencillamente es tener paz… pero, ¿cómo alcanzarla si nada de lo que hago me llena, o termina en el olvido rápidamente? Quizás las cosas son así, insignificantes, y quienes ven sus logros o se llenan de alegría con todo lo que hacen, o se autoengañan para estar mejor… o sea, tener paz. Lo que hacemos no vale nada, ni es permanente, ni se acumula, es un invento que nos hemos creado.
Si en la niñez alguien recibió todo tipo de confirmaciones de sus cuidadores, eso solamente le dio herramientas inconscientes para no darse cuenta de que las cosas no valen nada. La “normalidad” de la gente segura de sí misma está en unos mecanismos de autoconfirmación adquiridos de los que ni saben tener. Yo no tengo eso, solo “faltas” que se derivaron con los años a mecanismos autodestructivos. Entonces, me pregunto:
¿Cuál es la confusión? ¿Qué alimenta aún esta ansiedad? Si fuera solo angustia existencial, no me jodería tanto.
-Pzzzt.– se escuchó. Miré hacia una plaza por la que pasaba y había una chica en un banco recostada de costado.
-Pzzzzzzzzzzzt. Vení, vení.
Me acerqué y dije:
-Sí, ¿qué le pasa?
-¡Hola! Parece muy atormentado con sus pensamientos y quería saber de qué se tratan –dijo levantándose, y su pelo se enredó entre la madera, el hierro y un tornillo del banco. Hizo una fuerza brusca y quedó semi pelada. Además, estaba vestida de jedi. Me senté (bien a la punta del banco).
-Se trata sobre la ansiedad.
-Ahh, tomá, tengo un porro para convidarte –sacó un porro mal armado que parecía algo mojado, tenía mal aspecto.
-No, gracias. Lo que pasa es que la ansiedad nunca se va. Y busco una solución permanente, hace años.
-Y, ¿la buscás pensando?
-¿Tenés una mejor idea?
-El miedo lleva al lado oscuro y al sufrimiento. Tenés que dejar de pensar y de tener miedo. –Dijo esto e intentó prender su asqueroso porro que, obviamente, no iba a prender.
-Si intento dejar de pensar, estar en el ahora, lo olvido rápidamente y vuelvo a mi estado normal. Es un mecanismo de defensa.
-Y, ¿cómo sabés eso?
-Mucha terapia.
-Eso no sirve, tenés que unirte a la fuerza. Yo te voy a entrenar.
-Bueno, me tengo que ir. Gracias igual.
-En serio, chabón, no te estoy jodiendo. Mirá. –se concentró mirando el mástil de la bandera que había en la plaza, levantó su mano e hizo un gesto como de querer moverlo, pero le costaba. Hacía mucha fuerza apretando los dientes; en su cara había una vena. De repente se movió el mástil y al mismo tiempo la mina se cagó encima.
-No te puedo creer, sos jedi en serio. Te escucho, decime qué tengo que hacer.
-Sentí la fuerza.
-Y, ¿cómo hago eso?
-Usá tu instinto.
-Mi instinto me dice que todo está como el orto.
-Es que no estás sintiendo bien. La fuerza pasa alrededor de nosotros, es paz, orden, armonía.
-¡La vida es todo menos eso! La paz de “la naturaleza”, que supuestamente percibís, es artificial, es un estado forzado de la mente. Ese orden y armonía aparente va a estar hasta que nuestro planeta, en millones de años, se desvíe para la re mierda y vuelva a ser una piedra con agua congelada bajo tierra sin luz ni oxígeno. Y también vivimos en una sociedad humana que solo sabe destruir todo eso. Y vos me estás diciendo que busque y sienta una supuesta paz y armonía… como si todo fuera hacia algún objetivo superior evolutivo y haya absoluta certeza de eso. Y, para colmo, que lo busque en medio de una ciudad llena de hijos de puta como si fuera posible ser tan cínico de ignorar todo eso.
-Es tarde, ya te pasaste al lado oscuro de la fuerza. Voy a tener que matarte… -Dicho esto, se quedó dormida y yo me fui.
Seguí mi caminata y pensé: Si soy ansioso, si parte proviene de traumas, si no hay solución a problemas que me exceden, si puedo enfermar, morir; si necesito certezas, si busco verdades sabiendo que no las encontraré y que, además, sé que pueden ser reemplazadas. Si sé que hice cosas bien o mal, que hay cosas que creo que están bien o mal y no lo están. Si vivo en la duda, en la incertidumbre, si todo el problema siempre es la incertidumbre, el absurdo, el misterio… el perder el control, el perder el sentido. Si el miedo es no saber, ni qué hacer, ni cuál es la verdad. SI NO TENGO CERTEZAS, este es mi miedo. Puedo saber que al menos he luchado pase lo que pase, sin caer en solucionar el absurdo con cualquier verdad permanente… más bien, permanente a costa de no escuchar mejores argumentos. No he caído ni espero caer nunca en una cerradez mental a costa de tener paz.
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