Dónde está Dios II

Al día siguiente, sonó el celular y lo atendió. Era Seth. Quería verlo urgente, porque tenía una idea para encontrar a Dios y pretendía comentársela a todos juntos. Lucifer salió rápidamente hacia la agencia. Un poco más tarde, al llegar, él estaba con Fenrir en una mesa amplia que usaban para discutir el problema e investigar.
-¿Dónde está Mitra? –Dijo Fenrir-. Creíamos que estaba con vos. Tiene el celular desactivado.
-No sé –Le contestó-. Anoche estaba algo estresada, seguramente está descansando. Igualmente iré a verla luego porque quería hablarme de algo que, al final, no se pudo.
-Entiendo -Dijo Seth-, todos estamos trastornados desde el hecho. Ya la veía mal ayer. Hay que mantenerse calmados. Además, mirá, estamos a punto de solucionarlo.
Le mostraron las fotos de las víctimas y buscaron coincidencias. Una fue quemada de a poco, otra fue mutilada, otra torturada psicológicamente hasta el suicidio, otra apedreada, la penúltima violada y la última fue expuesta a enfermedades horribles. En este último caso la víctima tuvo que soportar un cáncer de próstata y de colon, de avance acelerado, sin recibir ningún tipo de tratamiento, calmante o cura directa. Tampoco se le permitió una muerte digna. Asimismo, para agregar más terror a la situación, estaba atado frente a una vitrina llena de heroína, LSD, marihuana, alcohol, cigarrillos, etc. Pero en la habitación de al lado, donde se supone que Dios estaba, había unas jeringas con la cura del cáncer. Supusieron entonces que, para ser aún más sádico, Dios visitaba al paciente cada tanto exponiendo la cura o amagando con una dosis.
Seth, que era el que mantenía los cabales intactos de entre los del grupo, propuso lo siguiente:
-Dios quiere debilitar nuestra razón. Nos está llenando de temores para lograr que seamos tan débiles que no podamos defendernos. Fíjense que la tortura es su método, pero no solo la física: la psicológica para él es muy importante. La muerte de las víctimas, entonces, representa una ansiedad menor para nosotros. Él no planea matar a mucha gente, hasta ahora llego a pensar que podría no matar más porque, además de nosotros, muchos más comenzaron a incomodarse demasiado. Y esto, sin lugar a dudas, será contagioso. Imagínense lo siguiente: ¿Qué sería peor? ¿Que muchísimos murieran o que toda la sociedad se empiece a descontrolar a causa del miedo?
-Es que muchos morirían igual –dijo Lucifer-. Como vos decís, una sociedad contaminada con miedo, que derivaría en furia, celos, envidia, avaricia, es decir, innumerables formas de protegerse, apegarse a cosas sin sentido, para resguardarse de algo invisible. Todo esto junto nos volvería a nosotros mismos “dioses”.
-Curiosa reflexión –contestó Fenrir-. Qué querés que te diga. Ya no hay vuelta atrás en esto, estamos jodidos. ¿Cómo detendríamos un virus mental? No podemos llenar a la población de dopamina.
-Se me ocurre que si intentamos frenar el miedo –dijo Seth-, Dios seguirá matando. Así que hay que dejarlo fluir y más adelante, una vez capturado el asesino, buscar una solución a la implantada idea de que esto podría volver a pasar y por ende deberíamos tener una alarma de supervivencia.
-¿Y cuál es tu idea? –dijo Lucifer-. El problema es ese, que, aunque Dios dejara de existir como un peligro, ya nadie podría sacar de su mente el temor de que todo esto vuelva a suceder. La civilización ya no será la misma.
-La idea es esta –contestó Seth-. Mirá, lo que vos decís es correcto, pero nos enfoquemos en lo principal. Recién después vemos los síntomas. Para atrapar a Dios vamos a pensar lo siguiente: ¿Cómo atrapar a alguien que no deja huellas, ADN, nada? o sea, ¿cómo vamos a atrapar a un fantasma? ¿Qué se les ocurre?
-Fenrir contestó: ¿Hacer mierda todo?
-Qué raro vos con ganas de reventar todo, che. Qué bárbaro. –le dijo Lucifer mientras él hizo una mueca burlesca.
-El asesino es la única anomalía, o por lo menos eso creemos -dijo Seth-. Tenemos que hacer un llamado social, que se presenten todas las personas a un examen psicológico y, para asegurarnos, lo haremos lo más filosófico posible: será un examen que sobrepase todos los límites, para que salga a la luz cualquier sistema de creencias violento o cruel. Se comenzará por los sentidos, se seguirá por lo motriz somático y luego se trabajará sobre lo consciente e inconsciente, esto último lo llevaremos a límites enormes. ¿Lo pueden ver? Él puede ocultarse corpóreamente de todo y todos; es muy ágil, pero nunca podrá ocultar sus creencias más profundas. Imagínense que si hubiera pensado ya en esto, no podría jamás, ni con el trabajo más arduo, tener todas las conexiones neuronales en un orden tal que dejara enterrados y bien ocultos –como si fuera un complejo laberinto- sus deseos más malvados.
-No sé cómo mierda pensaste en una cosa así –dijo Lucifer-, pero me parece acertado. Yo me encargaré, junto a especialistas, de crear los cuestionarios filosóficos más profundos.
-Sí, eso había pensado –dijo Seth-. Ese es un trabajo para vos. Y Fenrir debería organizar un grupo de personas que se encarguen de llevarles los exámenes a la gente.
-Bien, -contestó Fenrir-. voy a comenzar hablando con los gobernantes. Me voy al ágora.
Lucifer se quedó asombrado por la idea de Seth. Además de su manera de encontrar soluciones a todo, admiraba mucho su capacidad de autocontrol ya que él, a diferencia de Seth, no era bueno para buscar soluciones, solo para crear problemas, encontrar nuevas preguntas… algo que jode bastante. Se fue de la agencia para buscar a Mitra. Tocó a su puerta y lo atendió con cara de recién levantada.
-Tengo resaca –le dijo.
-Tomemos un café. Tengo que ponerte al tanto de todo.
-Está bien. Estoy con Freija. Vení, hablemos en la cama. ¡Tres cafés! Ah, digo, ¡dos y un jugo de arándanos! Es que Freija no toma café, le gusta más eso.
-Bien. –contestó Lucifer y fueron a la habitación.
-Hola, Lucifer –dijo Freija.
-Hola. –contestó y no podía dejar de mirarla, pensaba para sus adentros en lo atractiva que era.
El androide trajo el café –y el jugo de arándanos- mientras todos reposaban en la cama de cinco plazas de Mitra. Lucifer les explicó los planes para atrapar al homicida y luego hablaron de temas más variados. Sentían la necesidad de, a veces, salir del tema que les preocupaba a todos y distraerse, lo que suponía volver a su estado de siempre. Recordaban cómo eran las cosas antes de la aparición de los cuerpos. Antes de eso, estaban atentos a sus respectivos trabajos, perfeccionándolos todo lo que podían, aunque no siempre se dedicaban a eso. En otros momentos solo viajaban, escuchaban a otros con pleno interés sobre sus ocupaciones o necesidades. Podían ir a la luna, o a Marte, y ver la perspectiva que había desde esos lugares, para cambiar un poco de “aire”, pero no lo hacían tanto, ya que ahí las condiciones no eran recomendables por mucho tiempo. Lucifer, como otros que podían dedicarse a su profesión, siempre fue un poco distinto. Las personas solían ser más tranquilas respecto al sexo, pero él, por ser un ser tan pensativo, se volvía algo más voraz. Junto a ellas se sentía tentado; ellas también. Él siempre era de tentarse y ser incitador; últimamente notaba que los demás también, las situaciones se concretaban más rápido. Había, de repente, una enorme necesidad de distracción, placer, amor, choque, etc. Claro es que a todo esto las personas lo hacen de acuerdo a lo que pide su equilibrio interno y el amor; la atracción de otros cuerpos. Lo que sucedía es que ahora había más demanda de equilibrio que no llegaba a concretarse. Dios de nuevo; miedo de nuevo. La novedad ahora era la aparición de raras perversiones. ¿Qué tenía que ver la perversión con el placer sensual? ¿De dónde salía esto? Sabían que era raro e intentaban reprimirlo. No querían parecer irrespetuosos, ni siquiera pensar en hacerle algún daño al otro sin querer. Siempre fueron personas que se encontraban, y a veces se unían si entre ambos aparecía esa necesidad. ¿Por qué ahora aparecían imágenes sobre alguien que quizás ni siquiera quería hacerlo? La mente ya no era la misma en cada persona que se cruzó con el temor. Cada vez presentaba más síntomas. Buscaba equilibrarse de maneras oscuras. Lucifer sabía de esto por moverse en terrenos del pensamiento que a otros no les interesaban; así, podía imaginarse otros mundos posibles, otras situaciones humanas, o lo que fuera.
Fenrir, por su parte, se encontraba llegando al ágora. Era algo incómodo este lugar. La gente junto con los gobernantes que allí trabajaban, también, como su amigo, era de corte filosófico. Las personas estaban tan acostumbrada a una vida pacífica desde el inicio de su historia que no acostumbraban a imaginarse cosas que escaparan a sus realidades. El trabajo de los gobernantes era ese mismo. Justamente, cuando ocurrió el catastrófico hecho, Jesús, uno de los gobernantes, había imaginado una cosa muy similar. Pero determinó que sería lo peor y no tendría solución posible. Muchas otras catástrofes ya se habían podido evitar gracias a la imaginación de estas personas, la cual quedaba archivada en datos universales. En el ingreso al lugar, lo atendió una mujer muy enérgica llamada Paul.
-Fenrir –dijo-, ¿Cómo va el asunto?.
-Genial, ya tenemos una solución. –le contestó.
-Bien, entonces llamo a reunión con los gobernantes presentes en este momento.
-Bien.
-Te veo algo irritado. No dejes que esto te domine.
-Estoy bien.
-No estás bien. La gente se está alarmando, los efectos serán desastrosos. Te voy a mandar con un especialista para que domines tu ira. Mirá, algunos gobernantes no fueron lo suficientemente fuertes y tuvieron que renunciar. No querés renunciar vos también, ¿no?
-Estoy bien.
-No seas idiota y pensá. Vos no eras así. ¿Qué tenés con el reflexionar? Quizás sea lo más importante en estos tiempos para mantenerse a flote.
Fenrir la miró con desprecio  – ¿Qué tengo con reflexionar? ¡Nada! –Dijo con tono irónico- ¿Será que hay un LOCO SUELTO que reflexionó lo bastante como para jodernos a todos?
-No es el pensar el problema, no seas idiota. Los gobernantes nos habrían destruido a todos.
-Y, ¿cómo sabés que Dios no es uno de ellos?
-Creo que porque hace mil doscientos años que trabajo acá y sé como son.
-En estos tiempos, creo, ya no sabemos nada.

Emiliano Garriga

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