Dónde está Dios
El Ascensor subía a gran velocidad. Lo mejor era ver por el vidrio la parte en que la ciudad se pierde a través de las nubes, y fumando un rico tabaco. Lucifer pensaba mucho, le gustaba escribir y reflexionar hasta el cansancio. Luego, se tomaba una buena dosis de Activador Neuronal, que es poco recomendable, y seguía. Pero ahora solo le preocupaba un asunto. Llegado al piso novecientos cincuenta y seis, la puerta se abrió. Entró en una amplia oficina donde estaban sus amigos y dijo con tono de agobio:
-¿Dónde está? Dónde está ese tal Dios. Ya ha causado muchos destrozos y es un peligro para todos nosotros.
-No sabemos. –Contestó Fenrir- Seguimos en su búsqueda. No deja huellas de ningún tipo y no podemos rastrearlo. No comprendemos cómo hace para burlar los rastreadores. En estos tres meses la única pista que dejó es la famosa piedra junto al cadáver.
-¿Pueden fallar los rastreadores? –Dijo Lucifer- ¿Y qué haremos entonces?
-Nunca fallan. Pueden detectar lo que sea –Dijo Mitra.
-Cálmense. –Dijo Seth- Esto es nuevo para todos nosotros, pero lo atraparemos. ¿A quién carajo se le ocurre matar? Todavía no lo entiendo.
-¿A un extraterrestre de un planeta extraño? –Dijo Fenrir- ¿A un humano con una deficiencia en la amígdala u otra parte del cerebro?
-No creo –dijo Lucifer-, se encargó de hacer sufrir a las víctimas. Sabe de emociones, de dolor y… ¿Cuándo nos encontramos a un extraterrestre malo?
-Tenés razón. –dijo Seth.
Lucifer sacó un paquete de cigarrillos y prendió uno. Los demás seguían en sus monitores y a la vez deliberaban sobre cómo encontrar a Dios. La única pista era una piedra hallada cerca de un cadáver de una mujer torturada hasta su muerte, y que decía: “Caminarás veinte pasos hasta acá y me buscarás eternamente: Dios”. Y sí, estaba a veinte pasos.
Nunca habían escuchado un nombre igual y tampoco se lo podía encontrar en ningún archivo. Lucifer, que se enteró de todo esto hace algunas semanas y se embarcó en la campaña de búsqueda con los demás, pensaba si era un nombre real o solo un alias. Mientras fumaba, miraba por la ventana las hermosas nubes que tapaban la ciudad. “¿Por qué será más bello ver todo el espacio y su horizonte blanco que solo edificios y verdes? Aunque ver el negro de la tormenta y sus rayos desde arriba (y desde abajo) es mejor”. Al rato se acercó Fenrir y le dijo:
-Estoy Cansado ¿Vamos a comer algo? Dejá de fumar que luego los daños son muy trabajosos.
-Ya sé. Está bien, vamos. –Le contestó y caminaron hacia el ascensor.
-Siempre fuiste algo raro vos, ¿no? Por algo somos amigos, ¡ja!
-Sí. Mirá quién habla, con esa pinta parecés una bestia. Hace falta encadenarte en el inframundo nomás.
-Bah, vos no sos muy distinto de ese Dios. ¿A quién se le ocurre andar fumando?
-¡No seas idiota! No me comparés con esa cosa.
-Bueno, bueno. Era un decir…
Mitra los miraba bajar en el ascensor por una cámara. Pensaba, “¿Y si uno de nosotros es el asesino? Ojalá no sea Lucifer, me dolería mucho que fuera él.” Seth se percató de que ella los observaba con expresión de sospecha y le dijo:
-Ey, no te preocupes. Hace como cuatrocientos años que nos conocemos y somos amigos los tres. Sería imposible que nos ocultáramos algo mutuamente.
-¿No serás vos? –Contestó Mitra.
-No desconfíes. Creo que Dios planea que esto pase y, además, creo que debe tener más de dos mil años por lo menos.
-Y, ¿cómo sabés? ¿Que pase qué?
-Que pase esto. Que desconfiemos los unos de los otros. Miranos nada más. Luci fumando casi todo el día, todos siendo cada vez más precavidos y desconfiados. Nunca hicimos eso. Tenemos que mantenernos centrados en Dios. Eso es lo único raro, lo único que es totalmente comprobable. Sobre el resto es mejor relajarse, son solo ideas de la mente. El tipo nos está atontando y temo que esto se viralice a más gente. Imaginate el caos que sería desconfiar de todos, unos de los otros, sin ningún motivo claro.
-Quizás tengas razón, pero es difícil.
-Lo sé, pero confiá en mí. Hay que mantener el foco ahí –Dijo Seth, señalando la piedra que se encontraba en un escritorio.
Más tarde Seth se fue del lugar. Se encontraban en la Agencia de Rastreos, un lugar dedicado a evitar catástrofes naturales en el que trabajaban Fenrir y él. Mitra decidió quedarse para seguir trabajando. Ella, la mayor parte del tiempo, se ocupaba de la administración de datos científicos. Todos, junto a más gente, unían sus habilidades para rastrear a Dios. Hace tres meses que el tema les tocaba los huevos y les perturbaba la paz. ¿Cómo es que un tipo solo aparece, mata, y se da el lujo de dejar una pista él mismo y nada más? ¿Se burlaba de todos? ¿Qué lo motivaba? Sobre todo eso: qué quería lograr ya que no había motivo para matar, para quejarse o para rebelarse. No había más motivo de sufrimiento que un accidente. Pero eso no sería culpa de nadie.
Mitra se pasó gran parte de la noche revisando datos. Miró una y otra vez la foto de los cadáveres, que en total fueron seis, y en cada uno el homicida se encargó de torturarlos bien. Es decir, de asegurarse de que sufran o, más bien, asegurarse de dejar un claro mensaje: que el miedo puede ser enorme cuando alguien simplemente decide hacer daño. Más aún si ese alguien representa la incertidumbre, si tiene todo el control de la situación. Quizás todo podía registrarse con detalle y técnica, y ser manipulado. Quizás todo podía ser claro, preciso, predecible. Pero en este lamentable caso ya no se trataba de un ciclo físico, natural, se trataba de un ser dotado de razón, muy perspicaz, que en varias semanas demostró que un sistema casi perfecto podía tener agujeros. A Eso nadie se lo esperaba. Entonces Mitra, mientras tomaba mates, pasaba las fotos, miraba los cuerpos, revisaba datos geográficos, analizaba la piedra, filosofaba, hacía cálculos. Una y otra vez sin descanso. Tampoco se sacaba de la cabeza a Lucifer y se preguntaba por qué le parecía tan símil a este Dios. Ya no quería pensar más en eso, así que decidió llamarlo para investigar, sin negar que estaba mezclando un fuerte deseo con temores intuitivos.
-Hola.
-Hola. –contestó Lucifer.
-Necesito hablar con vos. ¿Voy a tu casa?
-Estoy con Lastenia, en la biblioteca.
-Está bien. Voy para allá.
Seguidamente, Mitra pidió un taxi y subió hasta la azotea del edificio. La luna se veía inmensa, y debajo de ella había un gran espacio, plano, de nubes que se reflejaban con su luz. De esa planicie surgió una pequeña luz azul que se acercó rápidamente. Llegó el taxi, arribó en él y fue hasta la biblioteca pesando en Lucifer y Lastenia. Pensaba en lo que seguramente habían hecho en medio de sus estudios literarios. Imaginaba la sensualidad desnuda de ambos y algo raro le ocurrió: le molestó un poco. Reflexionaba, “¿Desde cuándo me molesta que dos se unan? ¿A quién puede molestarle eso? ¿Serían celos?”. Para ella ambos eran muy atractivos, como muchos cuerpos, pero lo recordaba junto a ella en otra ocasión y… no quería que ahora fuera de otra. Pero, ¿cuándo él fue de ella o de Lastenia o de quien otra pudiera ser? Nunca. Ahí se dio cuenta de lo que Seth intentó transmitirle: el miedo se apoderaba de ella. Ahora había un solo peligro en la tierra llamado Dios, y este le incitaba a poseer una fuente de seguridad, cualquiera que sea, y qué otra mejor que el amor. Llegó a la biblioteca y ambos, fumando, se encontraban esperándola sentados en las escaleras. Se saludaron y hablaron:
-Estábamos avanzando en el desarrollo de una obra –Dijo Lucifer-. Después te la leemos si querés. También disfrutábamos de unas cervezas y…
-Sí, sí. –Contestó Mitra-.No me digas más. Quería decirte algo.
-Decime.
-Pero solo a vos.
-¿Qué problema hay con que yo esté? –Dijo Lastenia y Lucifer se encogió de hombros.
-Mirá, Lastenia –dijo Mitra-, estamos con muchos problemas últimamente, solo comprendeme.
-Sí. –Dijo Lastenia- Me contó Lucifer. Y es un problema de todos. ¿Qué querés decir con “estamos”? ¿Acaso ahora son privados los problemas?
-Bah, ustedes y sus extrañas reflexiones, como siempre. –Contestó Mitra.
-¿Extrañas? –Contestó Lucifer.
-¡SÍ! ¡RARÍSIMAS!
Lastenia y Lucifer se quedaron atónitos. Mitra se fue corriendo muy enojada. Se quedaron un rato repasando qué podía pasarle. Se preguntaban qué es lo que pasaba ahora, primero el asesino, la piedra. Y ahora situaciones inauditas entre ellos. De repente rondaban en el aire la reflexión ansiosa, los miedos y la necesidad de que todo esto acabe. Siguieron a Mitra y la detuvieron. Ella partió en llanto:
-¡No puedo más! ¡No entiendo ya qué me pasa! ¡¿Desde cuándo somos presos de nuestros sentimientos?! Esos mecanismos primitivos… ¿Qué me pasa? ¿Qué nos pasa? Desde que apareció Dios, en estos tres meses, parece que los temores crecen. Parece que la paz se diluye…
-Tranquila. Lo atraparemos y el miedo se irá. –Le contestó Lastenia.
-Aunque, -dijo Lucifer- tenemos que vencer el miedo primero, creo yo, porque si actuamos nublados somos más débiles. Quizás hasta ese sea su plan. No podemos permitir que gane o todo será un caos.
-Quiero que todo vuelva a ser como antes… -dijo Mitra- No puedo más. Quiero vivir en calma, estudiando datos, modificándolos y poniéndolos en su lugar… Seguir descubriendo cosas, avances que nos aporten a todos.
-Creo que todos queremos eso –dijo Lastenia mientras Lucifer asentía- , pero si permitimos que el miedo se viralice y no atrapamos y juzgamos a Dios, todo empeorará y…
-¡Qué saben ustedes de aportar al mundo! –Contestó Mitra- ¡Si se la pasan creando ficciones o leyendo filósofos!
-Pero… ¿desde cuándo te molestó eso? –dijo Lucifer, y Lastenia tenía lágrimas en los ojos- ¿A quién le molesta eso? No todo debe ser útil, y siempre lo supiste. Somos humanos, no máquinas. A vos misma siempre te gustó venir y cultivar tu parte humana. Tu parte dionisíaca.
-Me voy a volver loca –contestó Mitra. Los dos la abrazaron y se quedaron con ella hasta que se calmó.
Más tarde, casi al amanecer, Lucifer se encontraba en su cama. Tenía otro día más de insomnio. Los demás tenían días de desvelo desde que ocurrió lo trágico. Pero, en el caso de Lucifer, el trasnochar era algo frecuente. Él reconocía los sentimientos de los demás, sabía hasta dónde podían llegar y cómo funcionaban. Algo que quizás era olvidado en este mundo. Su dedicación al estudio de las culturas y lo humano le daba otra comprensión de las cosas. Es verdad que no le importaban las utilidades de nada, solo amaba saber, cuestionar y experimentar sobre temas supuestamente claros. A veces llegaba a poner en riesgo su salud por ir en contra de lo “recomendable”. Le aburrían los avances científicos y los tecnológicos. Solo quería hacer magia y lidiar con lo imposible, que era preguntarse de dónde venimos todos o simplemente por qué todo es como es y no de otra manera. Preguntas que todos saben incontestables pero, ¿por eso debía dejar de preguntárselo? ¿Y si tenían contestación y la respuesta fuera destructora y a la vez renovadora? Lucifer consideraba que porque exista lo indefinible no teníamos por qué dejar de abordar esos caminos y quedarnos solo con los seguros. Es verdad que todo era útil, avanzaba, nos hacía mejores, etc. Solo no había que dejar de lado el misterio nunca, eso tan cercano a nosotros; a este mundo venimos del misterio, un mundo en el cual ya está todo contestado. Pero es una burbuja de respuestas que flota en la nada, un edificio armado en cimientos desconocidos de los cuales no sabemos de qué material son, si son resistentes o no, o si son cimientos y no otra cosa.
Emiliano Garriga
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