Dónde está la paz II

Sumamente aplastado por el denso tiempo, el culposo pasado y el perfectísimo futuro que resuenan automáticamente en mi cabeza, me muevo o, más bien, intento arrastrarme hacia alguna dirección que no parezca espinosa, y que me lleve a la paz. Y, ¿cómo sería esa supuesta paz? Quizás un estado de flujo… es decir, un poder estar en el aquí y ahora de forma estable, en el cual un pequeño desvío suponga un pequeño rebote de respuesta que me traiga nuevamente hacia el centro. Un avanzar por un camino lineal, estudiado, controlado por relaciones lógicas, datos empíricos, seguridades artificiales, logaritmos, que funcionen a modo de fuertes escudos que sean capaces de protegerme eficazmente de la parte dañina de la realidad, esa parte que es indeseable, que duele. Y así permanecer en el placer y estar armado contra el dolor. Pero, al final no son tantas cosas mías; nadie escapa a la terrible angustia existencial. No hay carga más densa que el aquí y ahora donde nos vemos desnudos: un ser que no tiene excusas, responsable de sus decisiones pasadas y futuras, sin posibilidad de predecir la incierta realidad en su totalidad para protegerse del misterio; que puede traer peligro, ni tampoco decir con total franqueza sus errores a los suyos, y sus reacciones violentas, que son producto de la misma angustia, pero que fue reprimida bajo supuestos de supuesta verdad. Entonces,  vivir en la culpa, frustración, o también mentiras, sobre el pasado, como también en la preocupación por la anhelada seguridad, o temible conflicto y muerte, o promesa de una vida nueva en el futuro. Es más leve que vivir en el ahora donde todo es incierto, conflictivo, cruel, inseguro. Pero, es así, y quizás el miedo sería menos monstruoso aceptando esta verdad y listo ¿Quién puede dudar de esta verdad? ¿Por qué no partir de ahí? Somos seres libres y punto.
-Emilio, ¿estás bien? Estuviste toda la tarde en el patio.
-Sí –dije- estoy reflexionando un poco –y apagué un cigarro haciendo hueco entre la montaña de colillas que había en el cenicero.
-¿Un poco? Relajate un poco, vamos a caminar o algo.
-Más tarde voy a ir a caminar, dejame solo.
-Dale, te va a hacer bien.
-Y vos, ¿cómo hacés para estar bien ya que es algo tan normal?
-Y, no pienso tanto.
-Pero, ¿no tenés dudas? ¿No ves que es raro existir? ¿no ves que estamos todos acá y no sabemos nada? Nadie sabe nada.
-Todo es por algo, no es para preocuparse tanto.
-Y entonces, ¿por qué mierda es?
-Por algo, no sé, estamos acá por algo y lo que pasa en nuestras vidas es por algo.
-¿POR QUÉ?
-Y no sé, ni idea ¿Qué importa?
-¿Vivir no te angustia?
-¿Por qué me angustiaría? Es hermoso vivir, a veces tenemos problemas, pero bueno, es normal. ¿Por qué no haces algo que no sea estar pensando? Te hace mal.
-¡Es que no hace mal! Te distraés porque no soportás ser un poquito consciente de vivir en soledad, enfrentándote a tu vida. Te hace mal vivir porque vivir es angustiante.
-¡Te trato de ayudar! Siempre me decís “estoy ansioso, quiero paz” y bueno ¡entonces no pienses!
-Sí, quizás si no pensara y fuera un gato sería feliz o estaría tranquilo, no me daría cuenta de que la vida es rara y de que soy responsable a tal punto de tomar malas decisiones para mí y, por ende, para los demás.
-¿Qué decís? No somos responsables de la vida de nadie, ni de nada, a menos que hagas algo malo. Bajá un cambio.
-A ver, a ver… ¿Por qué no?
-Porque si decís “todo pasa por algo” es una excusa para no reconocer tu parte en todo esto, para reprimir tus miedos y tus cagadas, y seguir funcionando ¡sin que tu yo se desestabilice para el carajo!
-¡EY! ¡Yo no hago eso! ¡Qué carajo te pasa?
-Hablo en general, uhhh…

-Bueno, te dejo solo mejor. – dijo y se fue muy enojada.
A lo lejos se escuchó “¡amargado!” y un portazo.
-¡Por fin paz!

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