Miedo viral

-Hola, doctor, necesito un informe sobre el paciente. Será rápido, es para la parte que cubre su obra social.
-Sí, deme eso.
-Este sí que parece muerto de miedo.
-Quedó totalmente paralizado. Ningún problema físico: el miedo terminó por invalidarlo completamente.
-¿Sí? Y, ¿cómo sabe que no actúa solamente para que lo alimentemos acá?
-Hay de esos, pibe, pero no es el caso. Sino me habría dado cuenta.
Dicho esto, el paciente empezó a tensarse más, tanto que comenzó a ponerse rojo y su cara, cada vez más, expresaba entre miedo y furia, convirtiéndose solo a furia, hasta que estalló gritando:
-¡Cómo creen que quiero estar acá de arriba! ¿Son imbéciles ustedes? ¡Quién mierda quiere vivir en un hospital psiquiátrico! ¡Nadie!
Golpeó seca y rápidamente la cara al médico y lo dejó desparramado en el suelo. Luego, agarró del cuello al facturista y lo plantó contra la puerta con una fuerza inexplicable y, conteniendo torpemente toda su ira, le dijo en un tono bajo:
-Escuchame, pedazo de mierda, terminé acá por gente como ustedes. Esa que solo puede ver su puta nariz…  en tu caso, el lameculos del poderoso; en el caso de él (con la mirada psicótica señaló al médico) un semi poderoso que solo puede verse a sí mismo: son el puto producto de todo esto. Cayeron en este mundo y no se preguntaron nada. Prendieron la maldita tele o fueron a comulgar y así calmaron sus dudas. Se creen sabérselas a todas a costa de ser unos hijos de mil puta con mucha gente. Son parte de la sangre. – Gritó desgarrado y tiró al facturista al suelo. El hombre quedó dolorido y asustado. Luego, le dijo con mucho cuidado:
-Tranquilo, yo…
-Shhh…shhh… cerrá el culo. Ahora vos vas a saber lo que es el dolor que pasan los que no quieren andar oliendo los pedos del jefe – Dijo, levantando una jeringa del suelo que antes estuvo en manos del médico. Y prosiguió:
-Te voy a contar por qué estoy acá… claro, eso sí, antes de vaciarte este calmante que se hartaron de clavarme todo el puto año. Estoy acá porque mi familia solo puede pensar en una cosa: en el qué dirán los demás. Eso sí, los demás ricos… porque lo que opine Juan el vendedor de bananas les chupa tres huevos. Toda mi vida me comí ese puto pensamiento que, por mala suerte, toda la familia tenía. Increíble, ¿no? ¡Toda la familia! ¡Re loco! ¡JA! Y, ¿sabés qué pasó?… -Comenzó a reír y a hacer muecas descontextualizadas, muy inestables- Pasó que no tenía dónde ir… estaba muerto de miedo, iba a mis abuelos y todo estaba mal, iba a mis tíos y todo estaba mal. Todo era inaceptable, todo era vicioso… Y ellos no se animaban a hacer nada. Eran ricos, pero no sabían negociar. Todos eran mentirosos y desconfiables para ellos; hablaban de su supuesta superioridad y de sus trofeos familiares, pero no hacían nada. ¿Me entendés? Pensar en el qué dirán te lleva a la inacción total… y yo me crié todo el tiempo preguntando qué era lo correcto, porque había otra cosa: si hacías lo vicioso, lo inaceptable, lo malo y todas esas mierdas, ¡ERA TU CULPA! Y cuando era mi culpa con mis viejos, iba a mis abuelos, a mis tíos, a los tíos de mis tíos, y, puta casualidad, ¡también era tu culpa! Entonces, ¿sabés qué pasó? –movía la jeringa de un lado a otro, como ejemplificando con ella lo que decía-  ¡PASÓ QUE…! nunca me animé a hacer una puta verga: me daba miedo hasta respirar. Para colmo después me encuentro con la idea de la muerte a mi edad y, ¿qué pasa? Me llevó a esta mierda de lugar, con vos y ese puto médico a esta clínica, donde creen que cuidan gente, pero que vienen a cumplir sus horarios de mierda en la supuesta normalidad que viven. Esa misma normalidad reventada que genera ese puto “qué dirán”, que crea gente distinta y rara, ¡¡¡y que no te deja ser!!! –Su mano empezó a tensionarse demasiado sobre la jeringa. Se le notaban todos los músculos y venas; apretó sus dientes y su mirada era terrorífica. Lentamente comenzó a querer acercarse al tembloroso facturista y, sorpresivamente, quedó paralizado unos segundos en una pose tensa. Progresivamente disminuyó su tensión y terminó sentándose y luego acostándose en una posición fetal.
El médico despertó y le dijo al facturista:
-Tranquilo, ya pasó. Te dije que no me distraigas en medio del trabajo.

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