El Sentido de la Birra

Malfor Díaz se despertó. Tenía una resaca de la san mierda; de esas que te duele y late toda la masa encefálica. Lo primero que sintió fue un olor asqueroso, muy denso, a caca, vómito y palo santo. Se inclinó un poco mirando a su alrededor. Se encontraba en una cama con una mujer mucho mayor que él. “Cierto, la casada”, -pensó-. Entre ellos dos había un estanque de vómito lila oscuro, y era ella quien se había cagado. 
Se preguntó “¿Por qué terminé así?”. Agarró el celular y los mensajes de sus amigos decían “ganador”, “ya seguro está con una minita”. ¡Si supieran que no se me para! -reflexionó para sí-, que doy vergüenza, todos creen que yo soy muy macho, o les doy a entender eso. Me detesto. Lo que pasaba es que reprimía su verdadera debilidad para mostrar su hombría y, cuando estaba por ponerla, temía no poder demostrarse (lo que causaba una profecía de autocumplimiento). Agarró los regalos de “la casada” y se fue.
Julieta, por otra parte, se sentía desmoronada. Estaba hace horas en su cama mirando al techo. Se despertó a las 15 p.m. Se hizo un mate, lo llevó hasta su cuarto y lo dejó en la mesita de luz. Y ella seguía en la cama. “Ya estoy harta de esforzarme si la vida no tiene ningún sentido –se decía a sí misma-, ¿cómo puedo darme fuerzas sabiendo esto? si al final lo que hago es por mérito. Pero no puedo valorar mis méritos, ¡es que no valen nada! Esa es la verdad y no puedo dejar de verla”. Agarró su teléfono y respondió un mensaje que Malfor le había dejado para juntarse el día anterior. Le puso “bueno, esta noche tomemos unas birras en Las promos”. Se dijo: “Hoy me voy a re escabiar y que sea lo que sea, estoy podrida”. Pasó del chat, puso xvideos, y se tocó hasta quedar plantada. 
Más tarde se encontraron. Ambos se mostraban felices y graciosos. Se rieron bastante, aunque por dentro se sentían terriblemente decaídos. Las birras empezaron a pegar y las máscaras a aflojarse: se pusieron más existenciales. Se fueron del bar, pasaron por el kiosco y compraron cigarrillos. Caminaban y ya las conversaciones eran menos fluidas. Se detuvieron en una esquina oscura de una plaza donde Malfor le agarró la cara y la besó. Se besaron un largo rato, luego ella se separó y se sentó en un banco.
-Vení para acá. Che, ¿vos qué pensás? ¿La vida tiene o no sentido? 
-¡Uff! Ya estamos mal, ¿no? 
-Dale boludo, en serio.
-Vení. No estés triste. Dame un beso. –Dijo mientras intentaba abrazarla. Pero ella se escurrió y le contestó:
-¡EN SERIO, BOLUDO!
-¡UH! ¡Boeeeno, chiee! ¡kiti pasa, kiki hice yo! 
-Nada. Pero pienso mucho en eso y quiero saber qué pensás, pesado.
-¡Y mavale que tiene sentido! ¿No viste que cuando estás mal después se pasa? Lo malo sirve para que fortalecamos nuestra fe en nosotros mismos. Yo tenía un amigo que cayó en la droga…
-¿Como nosotros?
-No. En la droga en serio, se daba con todo.
-¡Como nosotros! 
-Pará, dejame seguir…  Y mi amigo ya sin saber qué hacer fue a confesarse…
-¿Y por qué no fue al psicólogo?
-¡UHH, PARÁÁÁ MAA EEE!,  Se confesó y me contó, pero te juro por mi mamá, salió sintiéndose en paz asolutaaaassss, aaabbaass, ¡absoluta! Ahí ta ¡ja, já! Y bueno, mirá, es así, la sabiduría que tiene la gente que conoce a dió  no tiene esplicasió, Nnn
-Es que yo no soy creyente. Antes creía en la energía, que había una especie de orden cósmico; ya ni eso. 
-Tené cuidado es jodido eso. El diablo obra mediante engaños. Por eso no sirve el psicólogo, ¡tampoco sirve estudiar! Todo eso nos inventamos nosotros para estar tranquilos  -dijo como queriendo referirse al estar seguros.
-Ay no, che. No estoy de acuerdo con eso. Si no, ¿cómo creés que avanzaría el mundo?
-Si uno busca en su corazón sabe todas las respuestas y si no las sabe puede buscarlas en Cristo –Contestó con un acento profético, como si ya tuviera estudiada esa frase. 
-Mmm… No estoy de acuerdo. Bueno, me tengo que ir ya.
-¡Pará! ¿Ya te vas? Vamos al telo. 
-Hoy no estoy bien, ni ganas de coger. Ya seguiremos hablando
-¡BAH! ¡¿PARA ESO ME HICISTE VENIR?!
-Uh pará, loco ¿Por qué me gritás? Estábamos hablando. 
-¡Bah, andá! ¡endiablada de mierda! ¡Calienta pingos!
-¿Qué tiene que ver? 
Malfor le pegó una cachetada, luego miró a ambos lados para verificar que no hubiera nadie. Estaba entre enfurecido y con miedo a la vez. Como sabiendo que había hecho algo inaceptable. “Eso les pasa a las que se creen más que un hombre” -Dijo, mezclando su sentimiento de virilidad y un enojo que cargaba de niño hacia los no creyentes. Es que su padre, además de tratarlo de maricón cada vez que era un poco sensible, hacerlo ir a misa de chiquito, tenía cagando a su madre y enseñaba la norma de que el hombre manda en su casa. 
Julieta sintió miedo, se paralizó por un rato, pero tomó aire cuando se le vino a su mente un pensamiento, casi una intuición que dictaba: “No tengo nada que perder”. Se llenó bruscamente de ira mientras Malfor la miraba con cara de perro rabioso. Como un shock gritó dando un puñetazo. Falló, pero su atacante gritó despavoridamente y se dobló con gestos nerviosos. Al mismo tiempo, de casualidad, pasaba su padre en frente y lo miró con cara de decepción. 
-¿Qué te pasa,hijo?
-Nada, viejo ¡Que hacés acá! Nada, ya voy para casa.
-¡¡¡Me golpeó!!! -Dijo Julieta.
-Algo habrás hecho –Le contestó.
Julieta, cansada de toda esta mierda, buscó en su bolsito y sacó una magnum 357. El viejo, al percatarse de eso, quiso iniciar la huída pero un disparo lo dejó girando en el aire como si fuera un error del Half-Life. Malfor no tuvo ni tiempo de calcular en su cerebro lo que estaba sucediendo hasta que este le estalló por el segundo descargo. Seguidamente, Julieta quedó en posición de trance, con una mirada perdida, pero feliz, en dirección hacia el suelo. Así la encontraron más tarde y la llevaron los policías. Mientras estaba en la celda, con exactamente la misma expresión dilapidada y a la vez iluminada, además agregaba una pequeña sonrisita. Imaginaba (será de haber visto evangelion) que ella estaba donde Shinji cuando comprendía todo. Su madre, padre, amigas y amigos, etc., le daban datos importantes para que ella tenga el insight que necesitaba: “Ahora lo entiendo –Dijo en su fantasía-, el sentido de la vida es la inmortalidad, la individual ligada a lo colectivo. Los humanos nos quedamos en la individual y con que algunos sean colectivos no basta; porque nos detienen al resto. Si todos nos preocupáramos por lo colectivo no enfermaríamos, no moriríamos, no habría mal en el mundo; los límites ya no asustarían a nadie”.
-¿Qué dijo? 
-No sé, solo balbucea.
-Terrible. Los mató y se volvió loca.
-Dicen que leía mucho, eso te aleja de la fe.
-Sí. La gente intelectual cansa. Hablan en otro idioma que ni ellos se entienden.
-Sí. Che, al final… ¿que pasó con el negro ese que robó en el súper?
-Se murió.
-Lo mataste.
-Sí. A veces pasa.
-¿Cuántos años tenía? 
-12.
-Bué. Una lacra menos.
El policía que dijo esto último besó un crucifijo que tenía en su cuello. Malfor despertó en la oficina; se había dormido en su escritorio. Le contó a su compañero “¡No Sabés culiao el sueño que tuve! ¡Soñé que era mina!”. “Mirá vos, ja, ja” –dijo el compañero y luego se frotó la nariz disimuladamente , “snif snif”. Malfor se percató de lo que había pasado y fue al baño: Se había cagado encima.

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