TE SUEÑO
Un chico erguido, sonriente, con mirada brillante, aires de carisma unas veces, autoritario otras; cuerpo colosal, petiso, gracioso, trabajador, creyente, seguro de sí, endiablado de confianza y autoestima; absoluta fe en todo su devenir. Pero resentido con algunos. Como yo. A veces he conocido cada personaje. A Will Smith lo conocí por mi ex novia, y fue una de las causas de separación. Me encontraba -en el día en que colapsó mi paciencia- en su casamiento. Cansado y ojeroso, deseando una cama, MI CAMA, no el colchón de mi alojamiento pesadumbroso, moralizador, mierdal. En este estado estaba sentado en un lobby a la espera de que todo esto inicie.
Se acercó a mi mesa más familia: la prima deseosa de una vida normal, el primo del iphone, el novio de la prima que desea una vida sin evangelismo (la primera), que por cierto, estaba en la misma que yo, solo que lo aguanta monumental y estoicamente.
Sentí unas palmaditas en mi espalda, miré a la prima deseosa de normalidad para la cual Will Smith representa una vida libre perfectamente –hijo varón de dinosaurios, claro está- porque se rió mucho: Era Will, me dio unas palmaditas, le giñó el ojo a ella juguetonamente y siguió su camino, muy elegante, hacia su importantísimo destino. Estas cosas me solían pasar en mi adolescencia cuando era el callado de la clase. Bueno, no sé cómo, ni bajo qué clase de fuerza somática, aguanté toda la noche. Mentira, me tomé hasta rehenes.
Al otro día, sencillamente, me fui a la bosta. Con resaca marché a mi ciudad preguntándome por qué me banco boludeces.
Pasaron unos días y comencé a sentirme mejor. En soledad de a poco me comprendo, anoto y reflexiono cada idea que se me ocurre, planeo mi vida. Al pasar los días va tomando forma lógica cada cosa que pienso para mí mismo; agarro cierta coherencia para un camino medianamente estable. ¿Es que los demás me desestabilizan? Para nada, es mi inseguridad la que permite que yo crea cualquier estúpida opinión sobre mí y lo que debo hacer, y los cómos, de alguien que no está dentro mío ni sabe bien los por qué del por qué actúo o hago tal o cual cosa. O Para qué o lo que sea: me confundo, olvido cada razón y cada plan estratégico por una opinión sobrecargada de seguridad y autoestima ¿seremos así todos? Ni idea, pero cuando eso pasa quisiera recordar todas las razones de mi vida y gritar con fuerza: ¡NO!
Los tímidos no hacemos eso. Bueno, habían pasado unos días, como dije, y todo iba muy bien. Progresaba, ya no fumaba, dormía perfectamente. Comenzaba a sentir. Qué cosa más rara emocionarse al despertar por extrañar. Maldita soledad.
Estaba con el bolso en mano por viajar. Tenía el pasaje para las 00:30. Me esperaba alguien en Catamarca. Caminé por la ciudad como la recuerdo por las noches solitarias entre edificios altos y colores rojos, amarillos, verdes, de los semáforos; el olorcito a humedad. Las calles reflejaban luces en tonos blancos y dorados. Olvidé mi viaje y caminé como de costumbre a tu edificio, marqué el 9. Subí al ascensor y me peiné al espejo. El pasillo, la puerta. Estabas ahí…
-Tengo que viajar en 20 minutos.
-Ya lo sé.
-Qué embole esto.
-Sí.
-¿Qué tal te va con Emilio?
-Bien. Él no me reclama nada.
-Qué bueno. –Dije con arrepentimiento. Miré mi mano sosteniendo el bolso; luego saqué con la otra el celular para ver la hora.
-No tenés que irte. Podés dormir en el sillón.
Comentarios
Publicar un comentario