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AKRASIA

  No había destino para él. Chocaba contra lo que parecía ser una tapia e intentaba sostenerse a pesar de que le mataban las rodillas. Mira hacia arriba, luego a los costados, tantea un poco, sólo le guían las estrellas y la luna. “Debo ser fuerte, valiente, resistir”, pensaba. “Debo seguir”, “sólo le temo al dolor, la muerte es apacible”. Sabía que no debía husmear en el campo de su enemigo pero, como siempre, se buscó pasar un riesgo (le gustaban mucho). Se asomó rápidamente y de frente, una silueta que de repente prendió una lámpara, y lo último que vio fue la explosión del rifle que vino desde el mismo lugar. Sintió un dolor repentino y grave en toda su cara, que cesó en un segundo con un shock. El fuerte impacto lo volteó hacia atrás, cayó, con su rifle en mano. Como si se tratara de una pesadilla, se levantó rápidamente y miró frente suyo en el suelo a un tipo vestido igual a él con la cabeza destruida, las rodillas quebradas, con una mano algo arrastrada contra la pared; era...

TE SUEÑO

  Un chico erguido, sonriente, con mirada brillante, aires de carisma unas veces, autoritario otras; cuerpo colosal, petiso, gracioso, trabajador, creyente, seguro de sí, endiablado de confianza y autoestima; absoluta fe en todo su devenir. Pero resentido con algunos. Como yo. A veces he conocido cada personaje. A Will Smith lo conocí por mi ex novia, y fue una de las causas de separación. Me encontraba -en el día en que colapsó mi paciencia- en su casamiento. Cansado y ojeroso, deseando una cama, MI CAMA, no el colchón de mi alojamiento pesadumbroso, moralizador, mierdal. En este estado estaba sentado en un lobby a la espera de que todo esto inicie. Se acercó a mi mesa más familia: la prima deseosa de una vida normal, el primo del iphone, el novio de la prima que desea una vida sin evangelismo (la primera), que por cierto, estaba en la misma que yo, solo que lo aguanta monumental y estoicamente.  Sentí unas palmaditas en mi espalda, miré a la prima deseosa de normalidad para ...

Consulta con el Dr. Casa

  -¡Julieta! ¡Levantate! -Sí, sí, Ma… Ya va… -¿¡Vos estás bien!? Todo el día en la cama, che. -Sí, estoy bien. Por favor, ahora no me molestes, dejame tranquila; ya voy. Mi mamá se fue quejándose y dejó la puerta semi abierta, cosa que detesto porque me obliga a levantarme. Es su forma de hacerme salir de la cama. Me levanté y cerré la puerta. Me volví a acostar y agarré el celular. Le escribí a mi amigo Paul: -Che, ¿no sabés de algún psicólogo? Creo que no estoy bien. En realidad nunca lo estuve, pero no sé qué hacer. -Ya te averiguo, porque al que voy yo no sirve. Creo que lo voy a dejar. -Dale. Tenía ganas de mear y me daba mucha paja ir al baño. Tenía que pasar por toda la casa, recibir algunos regaños u observaciones sin sentido, etc. Tenía muchísima intranquilidad y ya no podía más. Paul me contestó: -Mirá, una amiga me dijo que este tipo es muy bueno. Se llama Gregorio Casa. Su dirección es Junín 369. Vas a tener que ir porque no le gusta dar su número. Mirá, no sé, vos prob...

Corazón Ortiva

Conversaba con un viejo amigo que me encontré haciendo yo, un tanto incómodo,  la cola para pagar la factura del internet –de mi novia, ya que yo no tengo el servicio-. Como siempre, estoy para socializar con alguien, sea quien sea. -Siempre fuiste medio ortiva vos, ¿no? -Sí. –contesté mientras miraba la fila a través de mi ansiedad, a ver si así podía adelantar el tiempo y pagar de una vez.  -Y, ¿por qué, che? Si no te hacíamos nada malo en la escuela. Bueno, era raro que seas muy callado, pero qué sé yo, éramos todos pibes.  -No sé, Juanchy, muchos mambos. -Bueno –dijo e hizo un gesto agrandando sus ojos, torciendo la boca y mirando luego hacia un costado, como pensativo, que se podía traducir algo así como “Qué raro, qué le pasa”. Pagué y me fui a la verga. Y como siempre, bien de obsesivo, analicé la situación reflexionándola. La relacionaba con los demás hechos recientes y la poca mierda de Foucault que se me grabó en una clase. No alcanzab...

Transvaloración de toda la Mierda

– Quiero ser libre de esta fosa, ¿qué pasó? Venía bien. Llevaba unos quince días de estudio, de trabajo, de progresos… pero igual se acumuló, y luego se rebalsó algo. ¿Frustraciones innecesarias? ¿Culpas irreales? ¿Necesito un oído que me dé seguridad? No sé, claramente no sé qué o cómo, pero me volví a sentir en medio de una rutina en la que el tiempo se pasa volando; los días son idénticos, las acciones muy parecidas y, para todo esto, nunca llegan los resultados, los descansos –o no los valoro como tales-, las medallas, o lo que se supone que debe llegar. ¿Qué debe llegar? – Hacés lo que te gusta. Se supone que debe ser todo feliz, ¿o no? Debería llenarte cada párrafo, cada tema que sacás con la guitarra. Tendrías que estar contentísimo cuando tus amigos te felicitan. Tener tanta energía que te choquen tus errores y luego reírte de ellos a lo loco, pasar vergüenza, pedir perdón y que todo ello sean metidas de pata humanas, tontas, contradictorias, motivo de enojo para el otro per...

El Sentido de la Birra

Malfor Díaz se despertó. Tenía una resaca de la san mierda; de esas que te duele y late toda la masa encefálica. Lo primero que sintió fue un olor asqueroso, muy denso, a caca, vómito y palo santo. Se inclinó un poco mirando a su alrededor. Se encontraba en una cama con una mujer mucho mayor que él. “Cierto, la casada”, -pensó-. Entre ellos dos había un estanque de vómito lila oscuro, y era ella quien se había cagado.  Se preguntó “¿Por qué terminé así?”. Agarró el celular y los mensajes de sus amigos decían “ganador”, “ya seguro está con una minita”. ¡Si supieran que no se me para! -reflexionó para sí-, que doy vergüenza, todos creen que yo soy muy macho, o les doy a entender eso. Me detesto. Lo que pasaba es que reprimía su verdadera debilidad para mostrar su hombría y, cuando estaba por ponerla, temía no poder demostrarse (lo que causaba una profecía de autocumplimiento). Agarró los regalos de “la casada” y se fue. Julieta, por otra parte, se sentía desmoronada. Estaba hace...

Sergio Julián De Oliveira

Me hallaba en mi lecho de muerte. Había contraído el  diositovirus . Cuando era joven creía que se extinguiría, pero no. Por culpa de los  anti-vacunas  volvió a resurgir causando la pérdida de materia gris a gran parte de la población. Ahora lo tenía yo sin querer y esperaba mi pronta pérdida de conciencia. Igual, me decía a mí mismo “ya era hora”. Estaba viejo, quejoso, cansado; mi mente ya rebalsada de filosofía. Si hubiera sabido antes que a los 56 años me daría cuenta de que no hay más que hacer que observar nuestra perdición como especie, que la estupidez vencería, solo me habría dedicado a escribir muchísimo. A sacar todo lo que había en mi ser, lo ilógico, lo raro, lo elocuente, lo injusto, lo justo, lo que fuera. Me habría divertido con mi pobre gramática nada más, única cosa que disfrutaba hacer, nunca supe por qué. Y es que me preguntaba para qué saber tanto. Así como también denunciar problemas, iniciar actividades sociales para cultivar a la gente, mejorar e...