AKRASIA
No había destino para él. Chocaba contra lo que parecía ser una tapia e intentaba sostenerse a pesar de que le mataban las rodillas. Mira hacia arriba, luego a los costados, tantea un poco, sólo le guían las estrellas y la luna. “Debo ser fuerte, valiente, resistir”, pensaba. “Debo seguir”, “sólo le temo al dolor, la muerte es apacible”. Sabía que no debía husmear en el campo de su enemigo pero, como siempre, se buscó pasar un riesgo (le gustaban mucho). Se asomó rápidamente y de frente, una silueta que de repente prendió una lámpara, y lo último que vio fue la explosión del rifle que vino desde el mismo lugar. Sintió un dolor repentino y grave en toda su cara, que cesó en un segundo con un shock. El fuerte impacto lo volteó hacia atrás, cayó, con su rifle en mano. Como si se tratara de una pesadilla, se levantó rápidamente y miró frente suyo en el suelo a un tipo vestido igual a él con la cabeza destruida, las rodillas quebradas, con una mano algo arrastrada contra la pared; era...